miércoles

Quería empezar una cosa diferente,

hay momentos a veces en los que pienso demasiado. Viste cuando entrás en esa estupidez inteligente de pensar que pesas lo que estas pensando, y es como las gallinas y los huevos, o la teoría del big bang, así, como muy profundo e imposible de pensar realmente, digamos. Bah, creo que el infinito nos posee, y por eso, somos el infinito, no? pero al mismo tiempo, si estamos como estamos es porque no comprendemos un pito del infinito, no le creemos. Entonces cuando empieza eso de la espiralidad sobre el mismo pensamiento (no sobre otra cosa, otro hecho diferente, sino sobre el hecho de estar pensando eso mismo, uff) es como si pisaramos el borde del vacío.... uh, bueno, no, digamos mejor "la cornisa de la no-espiralidad" o "el borde de lo limitado".....
Que complejo. Ves, siempre pasa lo mismo. Pienso muchas cosas q me estorban, me dan dolor de frente y cabellera, pero despues, cuando lo cuento, o cuando te lo cuento a vos, me relajo un poco, me rio por dentro y lo digo con más, no se, como con más naturalidad, no? y termino teniendo unas conclusiones bastante interesantes que no pensaba tener.... que hasta a mí me sorprenden, entendés?
Por ejemplo el tema este de que somos infinito o vacío, pero al mismo tiempo no lo podemos tolerar, o concebir, o tal vez eso sucede porque el infinito o el vacío nos demuestran nuestras propias ilimitaciones como especie o como parte de un planeta o universo, o energia que compone todo eso, y entonces nos da miedo.
No sé, a veces pienso así como demasiado, concluyo cosas y por ahí te las cuento a vos, pero se queda ahí, y es raro. Es raro porque cuando pienso que eso es lo que pasó pienso que tendría que hacer algo con esas ideas o conclusiones, ... por ahí son interesantes para más gente,... por ahí podría ser como materia prima para alguna cosa artística, hace mucho que no se me ocurre nada para filmar, o para cantar, y la verdad que tengo muchas ganas de eso, pero no sé. No me sale.


lunes

Con los bordecitos de las medias todos dobladitos
bajaba en puntas de pies la escalera crujiente, de madera.
Patinó un poquito, el escalón número 3 estaba mal afilado.
Le cayó entonces al piso toda esa corona gigante, esa pompa
que decía No puede pasarte nada.
De ahí se desdobló en dos niñitas:
una que salta de escalón en escalón hasta llegar abajo,
sin tocar con un pie entero a ninguna madera,
y otra: hay días que baja despacio, mirando fijo el suelo,
preparando las manos, y días que decide no bajar más,
sentarse y tomar la leche desde el escalón número 2.